sábado, 4 de agosto de 2012

CAPÍTULO 41


CAPÍTULO 41: Sacrificio
-¡No! –dijimos Neile y yo a la vez.
Nos miramos un segundo y después volvimos la mirada hacia Ayerai.
-No, Ayerai, nadie va a hacer esto. Buscaremos otra forma.
-Si no hubiese otra forma –contestó, con la vista clavada en Neliel, sin querer mirarnos a ninguna de las dos-, yo lo haría.
-Pensaremos otra cosa –repuse antes de que Neliel dijera nada.
-Sí –afirmó esta-. La reunión se ha acabado –nadie se movió de su sitio, aunque habíamos oído perfectamente lo que había dicho-. Chicos, la reunión se ha acabado –repitió ahora con voz imponente.
La gente se fue levantando y saliendo por la puerta, excepto yo. Cuando el último cerró detrás de sí Neliel se dejó caer sobre la silla que había tras el escritorio. Apoyó los codos en la mesa y se frotó la cara.
-No puedo dejar que Ayerai muera, no puedo dejar que ninguno de vosotros muera. Tengo que pensar en otra cosa. No puedo dejar que corráis peligro.
Me senté en la silla que había frente a ella.
-Enfrentarse a la Inquisición ya es algo peligroso, tampoco puedes protegernos de todo. Tú nos has enseñado a cuidarnos bien.
Me levanté al ver que no decía nada, ni siquiera levantó la vista para mirarme; querría estar sola. Caminé sin rumbo por el pasillo. Todo esto me estaba superando, Ayerai no podía morir por mí. No lo permitiría. Por otro lado estaba Eric, tenía que buscar la forma de salvarlo. Sin apenas pensarlo me plantaría allí a medianoche, haría cualquier cosa por salvarle, pero había cientos de personas que morirían por ello. Apoyé la espalda contra la pared y me deslicé hasta el suelo. Me rodeé las piernas, me las abracé contra el pecho y hundí el rostro entre ellas.
-Tienes que dejar que lo haga –oí a Aimara a mi lado, pero no levanté la cabeza.
-No voy a dejar que Ayerai muera.
-No vas a poder salvar a los dos.
-¿Pretendes que elija entre uno de ellos? No lo pienso hacer, salvaré a los dos.
-Entérate de una vez que estarán esperando cualquier indicio de otra persona. Os detectarán sin problemas. Además, si el sacrifico que él hace os salvará a todos, ¿no puedes pensar que a lo mejor sirve para algo?
-No, simplemente no me cabe esa idea en la cabeza.
-Eres una cabezota, ¿lo sabías?
-¿Por qué? –dije ahora levantando la cabeza, enfadada-. ¿Porque quiero salvar a mi mejor amigo? ¿Porque no quiero que mi novio muera? Sí, entonces soy una cabezota.
Soltó un largo suspiro.
-Neliel no ha encontrado otra forma de hacerlo. Y tú no vas a presentarte allí porque si no matarías a todos los brujos –se adelantó a decir al ver mi expresión. Me conocía mejor de lo que yo pensaba-. No seas impulsiva.
Noté como los ojos se me llenaban de lágrimas. En ese momento advertí que alguien se sentaba a mi lado. Phoebe pasó el brazo por mis hombros, sin decir nada, y me abrazó. Hundí la cara en su pelo y rompí a llorar. Nos quedamos en silencio, con ese simple gesto me tranquilicé. Phoebe siempre sabía cómo calmarme.
-Samira –escuché la voz de Neliel y levanté la cabeza rápidamente, con las lágrimas ya secas en los ojos. La directora del centro, con un rostro habitualmente serio pero amable, parecía haber envejecido varios años de repente-. Sé que me odiarás por ello, pero no he encontrado otra forma de hacerlo. Sin embargo, tal vez podamos llegar a salvarle.
-¿A qué te refieres? –pregunté esperanzada.
-Tú puedes hacer un hechizo, que tan solo puede llevar a cabo algún miembro de las Cinco Brujas, para que no nos detecten al llegar, más o menos como si fuésemos invisibles. Ello te protegerá de que no te vean allí. Si consiguiéramos acabar con ellos con rapidez tal vez podamos salvar a Ayerai.
-De acuerdo –me levanté-. ¿Cuál es el hechizo?
-Haudephendere.
Asentí, repitiendo aquella palabra en mi cabeza una y otra vez.
-Pero, ¿podrá hacerlo sin haberlo practicado antes? –preguntó mi hermana.
-Sí, el poder de las Cinco Brujas la ayudará –se dirigió de nuevo hacia mí-. También tendrás que aprenderte el hechizo para matar a la Inquisición cuando llegue el momento. Con la fuerza de todos podremos hacerlo, el resto ya se lo sabe, no es difícil –empezó a recitar el conjuro-. Spirtus liberterium potstatem ut invaudere.
Rápidamente mi cabeza lo tradujo.
-Espíritus liberad el poder que les invade –susurré-. ¿Qué quiere decir exactamente?
-Una vez que el poder se vaya de ellos, morirán.
-¿Cómo si les arrancáramos el poder?
-Un poder que no es suyo, tú mejor que nadie sabes eso.
Me estremecí al recordar aquella horrible sensación que me desgarraba cuando la Inquisición había matado a aquellas brujas. Neliel miró su reloj de reojo. Yo la imité y vi que era casi media noche.
-¿Dónde está Ayerai?
-En su habitación.
Asentí y subí rápidamente las escaleras hasta su cuarto.
-¡No lo hagas, por favor! –oí la voz en grito de Neile cuando estuve a punto de tocar.
-No lo hago solo por salvarla a ella, lo hago para protegeros a todos. Para salvarte a ti.
-¡Pues no quiero que me salves, no de esta forma! ¡No dando tu vida!
Hubo unos segundos de silencio.
-Te quiero –escuché que decía Ayerai.
Me aparté y me senté en la otra punta del pasillo, dejándoles intimidad. Se me llenaron los ojos de lágrimas al pensar en lo que Neile estaría sufriendo en aquel momento; y Ayerai también.
Esperé pacientemente a que acabaran de hablar. Minutos después se abrió la puerta. Me incorporé al ver a Neile salir y cerrar tras de sí. Me acerqué hasta ella y la abracé con fuerza mientras lloraba desconsoladamente en mi hombro. Probablemente me odiara, gracias a mí estaba pasando todo esto. Tal vez ni quería que la estuviera abrazando en aquel momento.
-Lo siento, Neile –sollocé, sin soltarla-. Esto es culpa mía, seguramente me odies por ello.
-No te odio Samira, para nada. Y esto no es… culpa tuya, no es tu culpa… tener el poder de las Cinco Brujas, no es tu culpa que la… Inquisición vaya a por ti. Así que no lo pienses.
-Ayerai va a sacrificarse por mí.
Noté como su lloro aumentó ligeramente.
-Eso no es así…, lo hace por todos nosotros. No te eches toda la culpa sobre tus hombros.
Me separé de ella y me sequé las lágrimas, ella hizo lo mismo, al tiempo que sorbía por la nariz. Ambas nos sonreímos ligeramente.
-Lo salvaremos.
Suspiró sonoramente y asintió, sin mucho convencimiento.
-Tú solo ten preparada la poción curativa –le dediqué una pequeña sonrisa forzada.
Se despidió y me volví para tocar a la puerta. Entré.
-Hola –suspiró a modo de saludo. Me acerqué a la cama y me senté junto a él-. Espero que no vengas a intentar convencerme de que no lo haga.
-Sería inútil, ¿verdad?
-Sí, no eres la primera que lo ha intentado. Pero no retrocederé en mi decisión.
-Solo venía a… –se me cortó la voz.
-Despedirte –me ayudó.
Me miró fijamente, con los ojos humedecidos. Me acerqué más para abrazarle.
-Eres el mejor amigo que he tenido nunca –susurré con una sonrisa-. Siempre me sabes escuchar, y consigues hacerme reír.
Me devolvió otra sonrisa. Entonces llamaron a la puerta y ambos nos giramos para ver a Neliel.
-Ayerai –murmuró-. Apenas quedan unos minutos para medianoche.
-Claro, debería irme ya.
Se apartó de mí y me dedicó otra sonrisa antes de salir por la puerta acompañado de Neliel. Les seguí pocos metros por detrás hasta llegar al jardín, donde ya se encontraba todo el mundo. Ayerai se separó de la gente y escrutó cada uno de nuestros rostros. Neile se acercó a él y le besó, tal vez pensando que sería la última vez. Luego se separó y se puso de nuevo a mi lado. Ayerai destapó el pequeño bote que tenía entre las manos y se lo bebió. En ese momento se encogió un par de centímetros y su figura cambió. Su rostro se volvió más alargado y sus ojos se convirtieron en los míos. Era realmente extraño verse a uno mismo fuera del espejo. Le dediqué una sonrisa antes de que desapareciera.
Minutos después me tocó actuar a mí. Cada uno fue cogiendo a su compañero de la mano, hasta que el círculo se cerró.
-¿Estás lista, Samira? –preguntó Neliel desde el otro lado del círculo.
-Sí, lo estoy –cerré los ojos y me concentré en el hechizo, el resto se encargaría de teletransportarnos hasta Salem-. Haudephendere.
Noté como me ardía la marca y una luz amarillenta me cubrió por completo y se fue extendiendo por el resto de los alumnos. Una vez listos, aparecimos en Salem.

viernes, 3 de agosto de 2012

CAPÍTULO 40


CAPÍTULO 40: Contraatacar
Abrí los ojos lentamente, llevaba días sin dormir tan bien. Me desperecé bajo las sábanas y cerré los ojos de nuevo. En ese momento me vino a la mente la imagen que Amber había puesto en el álbum de fotos que me había regalado para mi cumpleaños, en la que salíamos ambas, y recordé la frase que había puesto: <<Para mi bruja favorita>>  Noté de nuevo las ansias de llorar, cuando pensaba que las había gastado todas la noche anterior. Me levanté para ir a la ducha. Dejé que el agua me empapara mientras contenía aquellas ganas de sollozar. Una vez vestida me dirigí hacia el comedor. Los pasillos estaban vacíos, no era normal que todo el mundo estuviera durmiendo todavía. Pasé frente a la sala de estar y atisbé por la pequeña ranura que dejaba la puerta entreabierta, que todos estaban reunidos allí. Me acerqué y abrí la puerta. Los que allí encontraban se volvieron hacia mí.
-¿Por qué nadie me ha despertado? –me quejé mientras me acercaba hacia el primer sofá libre.
-Pensamos que querrías dormir, llevas un par de días sin pegar ojo –contestó mi madre, pero sabía que había algo más.
-¿Y de qué hablabais?
Todos se intercambiaron una mirada cómplice con Neliel, la cual contestó.
-Sobre la Inquisición, y lo que haremos para atacar esta noche.
-¿Y por qué no me habéis despertado? –les acusé.
Todos se quedaron en silencio.
-¿Alguien piensa contestar? –protesté impaciente.
-Porque… creemos que lo mejor será que te quedes aquí –contestó mi padre.
-¿Qué? ¿Estáis locos? No me pienso quedar aquí sentada mientras vosotros vais a por unos tipos que me quieren a mí. No –dije rotundamente.
-Por eso, precisamente, lo más seguro es que te quedes aquí –habló Neliel-. Si vienes y te cogen…
-Me da igual, no quiero quedarme aquí.
-Vamos, Samira, no seas niña –intervino Doman-. No puedes venir y arriesgarnos a que te cojan, moriríamos todos.
Me giré para fulminarle con la mirada.
-¿Cuál se supone que es el plan? –pregunté, ignorándolo-. Ellos son mucho más fuertes.
-No ahora –explicó la directora-. Sus poderes se están debilitando, tal vez los más jóvenes todavía mantengan la fuerza, el resto no. Por ello atacaremos por la noche, con forme pasen las horas estarán más débiles.
-Está bien. Pero yo quiero ir, por favor.
-Es peligroso, Samira. Necesitamos que tú estés segura, y este es el único lugar en el que lo puedes estar. Lo siento.
Suspiré sonoramente y me dejé caer contra el respaldo.
-Necesito ir, no puedo quedarme aquí… –susurré.
El sonido de mi móvil resonó en el silencio que se había creado en aquel momento. Lo cogí para mirar quién era, aunque me lo imaginaba.
-Eric –dije al descolgar-. Ahora no puedo hablar, ¿te puedo llamar luego?
-Bueno, tenía algo importante que decirte pero cómo quieras –me quedé de piedra al oír la voz de Cameron al otro lado, y me temí lo peor. Me quedé unos segundos callada por el horror, mientras todos me miraban expectantes.
-¿Qué habéis hecho con Eric? ¿Dónde está? –exigí saber. Recordé lo que Amber me había dicho sobre que Eric sí le importaba; simplemente era otra mentira.
-Eric está justo aquí con nosotros –contestó-. Está bien –hizo una pausa-. Por ahora.
-¿Qué es lo que queréis?
-¿Que te parece a una chica morena, de pelo largo y ojos verdes?
Suspiré.
-Me tendréis, pero quiero que le soltéis.
Miré hacia Neliel, que me observaba con pura preocupación mientras intentaba buscar alguna forma de contratacar.
-Lo haremos cuando te tengamos frente a nosotros.
-Quiero que me dejes hablar con él –reclamé.
Tras unos segundos oí su voz.
-Samira –sonaba jadeante.
-¿Estás bien? –pregunté casi en un sollozo.
-Sí, pero no…
-Es suficiente –oí de nuevo la voz de Cameron-. Ven a Salem, en la plaza a medianoche y se puntual. No hace falta que te diga todo eso de “ven tú sola, no nos la juegues…” Porque supongo que sabrás que no vamos a tener ningún reparo en matarlo si lo haces, ¿verdad?
Me dio un vuelco el corazón, que me latía con demasiada fuerza.
-Estaré allí a medianoche, pero no le hagáis daño.
-No lo haremos siempre que seas puntual –lo siguiente que escuché fui un simple pi, pi
Todos me observaban, esperando que dijera algo; yo, por el contario, miraba al suelo, todavía con el móvil entre las manos, en silencio. Me froté la cara mientras lloraba. Si yo moría, todos ellos, y cientos de personas más, lo harían. Pero no podía dejar que Eric muriera.
-¿Qué vamos a hacer? –miré a Neliel, suplicante.
-No sé, Samira –negó ligeramente con la cabeza, se le notaba frustrada-. No podemos dejar que vayas allí y mueras…
-Pero tampoco podemos dejar que Eric muera –le corté.
-Lo sé, lo sé. Pensaré en algo, lo prometo.
-Sé que tienes algo en mente –la acusé al ver su rostro-. ¿Qué es? –continuó callada-. Neliel, ¿qué es?
-Es algo complicado –le miré fijamente, incitándola a seguir-. Durante el sacrificio, en luna nueva, la Inquisición estará en su momento más débil, serán completamente vulnerables, y podremos atacarles sin problemas.
-Pero en ese momento nadie podrá luchar –musitó Mayara.
-No si… –suspiró-. No si alguien se hiciera pasar por Samira –todos exhalaron, se oyó algún grito ahogado por el fondo.
-¡No! –me negué rotundamente-. No puedo permitir que alguien se sacrifique por mí de esa forma. Tiene que haber otra cosa que podamos hacer.
-Estoy pensando, Samira, pero… –negó simplemente con la cabeza.
-¿Y si voy y antes de que el sacrificio se produzca atacáis?
-Nos descubrirían –murmuró-. Estarán atentos hasta que… hasta que la hoguera prenda.
-Sospecharán que no vas a ir sola –se unió mi padre-. En cuanto a lo de la poción, ¿cuáles son los requisitos? –lo que acababa de decir significaba que él pretendía ofrecerse voluntario.
-¡No, papá! –me miró un segundo y luego volvió la cabeza hacia Neliel para que hablara.
-Durante la luna nueva las pociones, y también los poderes, aunque en menor grado, se debilitan. Es decir, que en algunas personas apenas funcionará, en otras, tal vez unos minutos. Para que la poción para la metamorfosis funcione durante unas horas debe tomarla alguien joven, probablemente que no pase de los veinte. Que sea fuerte, que tenga poder.
Rodeé la sala, escrutando los rostros de todos ellos. La mayoría tendría los veinte, tal vez alguno más o alguno menos.
-Yo lo haré –me quedé pasmada al oír quién lo decía, y me giré para mirar con horror a Ayerai.

CAPÍTULO 39


CAPÍTULO 39: Equivocada
Me incorporé y noté un dolor horrible en el costado, probablemente me habría magullado algunas costillas. Entré rápidamente a la casa y me dirigí a la sala de estar. Cuando entré todos me miraron perplejos.
-Samira –dijo mi madre, que se levantaba y venía a abrazarme, con los ojos llenos de lágrimas-. ¿Cómo estás? ¿Qué es lo que te han hecho? –me volvió a abrazar.
-¡Ah! –se apartó en seguida al oírme quejarme-. Creo que tengo alguna costilla magullada.
-Traeré algo de poción curativa –dijo mi hermana.
Mi padre pasó el brazo por mi cintura y me guió hasta el sofá. Me dejé caer con cuidado y cerré los ojos, de nuevo una lágrima cayó por mi mejilla. Los abrí y me incorporé ligeramente, mirando a Eric, que tenía sus ojos marrones clavados en los míos.
-¿Qué es lo que pasa aquí? –quise saber, aunque me hacía una idea.
-Pensamos que él te había cogido –informó Neliel.
Me giré hacia Ayerai.
-Lo siento –se disculpó-. No me iba a quedar callado si pensaba que estabas en peligro.
-Él no es de la Inquisición –expliqué-. Pensé que era así –dije en un susurro, sin poder mirarle a la cara-. Pero me equivoqué; todos os equivocabais. Vi… –me sentía avergonzada contando lo que había pasado-. Vi un Libro de las Sombras en su cajón, pero no era más que un hechizo de apariencia.
-¿Y quién lo había creado? –inquirió Ayerai antes de que pudiera continuar.
Suspiré.
-Amber.
-¿Qué? –levanté la cabeza para mirar a Eric-. ¿Amber? No, Samira, ella…
-Es una de ellos. Yo tampoco quería creerlo, pero sí. Pensaba que era mi mejor amiga, sin embargo esto es lo que me he llevado a cambio de su amistad.
-¿Ella te hizo eso? –inquirió Neile.
-No exactamente, Cameron lo hizo.
-¿El chico de la discoteca? –habló Eric, con pura confusión y sorpresa en su rostro.
-Me metieron en una celda donde los poderes no funcionaban, y cuando intenté salir fue cuando me hizo esto –vi cómo se le tensaba la mandíbula.
-¿Y cómo conseguiste salir de allí? –preguntó Neliel.
-Aimara me ayudó.
En ese momento mi hermana entró en la habitación y me tendió un pequeño vaso. Me lo bebí y vi como Eric observaba mi rostro, maravillado por los efectos que la poción curativa había tenido.
-Bueno, ahora aquí estás a salvo, pero te buscarán.
-¿Y… –habló Neile vacilante-, por qué no te mataron?
-Porque el sacrificio tiene que ser en luna nueva, es decir…
-Mañana por la noche –respondió Neliel-. ¿Te contaron cómo sería?
-Sí, tendría que absorber el poder de todos. Y… ¿eso significa notar cómo morís todos vosotros?
Asintió.
-Lo notarás igual que nosotros.
Me estremecí con solo pensarlo.
-Sentiré el dolor de cientos de personas.
-No pasará. Porque el sacrificio no se llevará acabo. Pero hablaremos de esto mañana.
-¿Mañana? –se quejó Neile-. No creo que el tiempo nos sobre.
-Es más de medianoche, hablaremos mañana. Por favor, que cada uno suba a su habitación.
Me levanté del sofá y fui directa a Eric. Le miré un segundo, con los ojos llorosos, y le abracé con fuerza.
-Lo siento –susurré en su hombro-. Siento haber desconfiado de ti.
Él me abrazó más fuerte y me acarició el pelo. Oímos como nos quedábamos solos. Me separé de él y le besé enérgicamente, enredando los dedos entre su cabello.
-Lo siento –volví a repetir. Sentía haber pensado todas esas cosas de él.
-No pasa nada, Samira –me abrazó de nuevo-. ¿Cómo ha podido Amber hacerte una cosa así? Es que… no me cabe en la cabeza.
Le estreché más fuerte y empecé a llorar, humedeciendo ligeramente su camiseta.
-Era totalmente cruel. Y yo una estúpida por haberla creído todo este tiempo.
Nos sentamos en el sofá mientras le explicaba con más detalle todo lo que estaba pasando. Después de un rato me levanté, con las lágrimas ya secas en los ojos.
-¿Te quedarás aquí esta noche?
-No, esta gente me odia.
-Ya no.
-De todas formas tengo que volver a casa, mis padres estarán algo preocupados.
Le cogí de la mano y lo guié por el pasillo hasta llegar al jardín.
-¿No se puede salir de otra forma? –preguntó poniendo mala cara.
-Es la única que hay –en cuanto acabé de pronunciar la frase me teletransporté. Él apoyó la mano sobre mi hombro con fuerza cuando aparecimos frente a su casa-. ¿Estás bien?
-Esto es horrible, no sé cómo puedes hacerlo siempre.
-Al final te acostumbras y el mareo se va.
Me acerqué a él y le besé.
-Te quiero –me susurró.
-Yo también te quiero.
Aparecí de nuevo frente a la casa de Neliel y entré para irme directa a mi habitación. Me tumbé en la cama y cerré los ojos, estaba exhausta.

Siento el retraso

Siento no haber subido nada en estos días, pero estaba de viaje y allí no tenía internet. Pero aquí van dos capítulos más.

Y muchísimas graciaas a los que me leeis!

viernes, 27 de julio de 2012

CAPÍTULO 38


CAPÍTULO 38: Aprisionada
-Advectum –susurré por cuarta vez, sabía que era imposible, en aquel lugar subterráneo la magia parecía no funcionar.
Pero necesitaba salir de aquel sitio, no podía morir; no podía dejar que todos los brujos y brujas murieran. No podía.
Me planté frente a la verja.
-Eruptio –dije al tiempo que hacia un pequeño gesto con las manos para intentar que la puerta explotara, pero no pasó nada-. Eruptio.
Nada.
-No seas estúpida y deja de intentarlo. Mírate –dijo Cameron haciendo una señal con la cabeza. Noté que me sangraba la nariz, algo que solo ocurría si te pasabas utilizando tus poderes. Me lo enjuagué rápidamente.
Le miré con puro odio.
-¿Tienes que vigilarme? –pregunté al ver que se sentaba en el suelo.
-No hay más remedio, me ha tocado. Debería hacerlo Amber, pero no quiere pasarse toda la noche en vela.
Él tampoco parecía tener esa intención, se le veía el cansancio en el rostro. Me senté en el lado más alejado de la celda y me acurruqué sobre mí misma. Sentí que el estómago me rugía estridentemente. Levanté la cabeza y vi que Cameron también me miraba.
-Me muero de hambre –susurré, no quería nada que ellos me dieran, pero no podía aguantar.
-¿Debería importarme?
Tragué saliva.
-¿No necesitáis que esté bien para el sacrificio?
Resopló ruidosamente. Finalmente cedió y se levantó. Apareció a los pocos minutos con una bandeja con comida y la pasó por debajo de la reja. Me abalancé sobre ella, engullí los trozos de pan y me bebí la sopa rápidamente. Una vez hube acabado la dejé junto a la puerta y volví a mi sitio.
No podía pegar ojo, y el sonido de los escandalosos ronquidos de Cameron me mantenía despierta. Me levanté sigilosamente y me asomé por la pequeña ventana que había en la parte superior. Pero sería inútil intentar salir por ahí, no cabría. Miré a todas partes, sin saber qué hacer.
-¿Cómo ha podido hacerte esto? –escuché la voz de Aimara.
-¡Aimara! –musité con alivio-. Menos mal, ayúdame a salir de aquí, por favor.
-Tienes suerte, este sitio lo conozco, era mi antigua escuela de magia.
-¿Entonces sabes cómo salir?
-Había un viejo túnel secreto, probablemente siga funcionando.
-Genial –estiré la mano para que me la cogiera, esperando que me guiara por aquellos pasillos.
Se rió por lo bajo.
-Intenta tocarme.
Alargué la mano y cuando fui a rozar la suya la traspasé, notando un ligero cosquilleo, como si se tratara de aire. No lo había pensado, pero ella no era más que un fantasma.
-¿Cómo vamos a salir de aquí sin que él se entere?
-Creo que duerme profundamente.
Empezó a caminar hacia él, traspasando la puerta, y pasó su mano ligeramente por el rostro de Cameron. Este se rascó la nariz, y cambió de posición, soltando un gran ronquido. Me reí por lo bajini. Aimara se acercó a la puerta y susurrando un conjuro esta se abrió.
-¿Cómo puedes utilizar los poderes aquí? Yo no puedo y él tampoco.
-Está hecho para que los brujos no puedan utilizar sus poderes, yo soy un fantasma.
Salí de la celda y caminé sigilosamente detrás de Aimara. Pero entonces sentí unas manos cogerme con fuerza por los hombros.
-¿Ibas a algún sitio? ¿Cómo narices has conseguido salir?
Solté un pequeño grito ahogado. Intenté soltarme de su brazo, golpeándole con todas mis fuerzas en la pierna. Se agachó un segundo, pero en el momento que fui a correr me cogió por el brazo y me golpeó con brusquedad en la cara, haciéndome caer al suelo. Me agarró de ambos hombros y me lanzó contra la pared. Cuando me intenté deshacer de él me golpeó con la rodilla en el vientre. Solté un gemido de dolor mientras me retorcía en el suelo. Cuando me fue a levantar una ráfaga de aire hizo que saliera disparado, chocando contra la pared, y quedándose inconsciente. Me volví para ver a Aimara.
-Gracias –dije sin apenas poder respirar-. Pero podrías haber llegado antes.
-Vamos, puede que el ruido haya despertado a alguien.
La seguí de cerca por todo el pasillo, hasta llegar a una bifurcación, en la que cogimos el camino de la izquierda. Tan solo había más mazmorras. Llegamos hasta el final y Aimara se colocó frente a la pared. Eché un último vistazo al final del pasillo, asegurándome de que nadie nos seguía. Me situé junto a Aimara y esperé a que me diera las instrucciones.
-En esta parte los poderes te funcionarán. Da dos golpes aquí –indicó, señalando a mi derecha-. Tres ahí –a la izquierda-. Dos abajo, y uno en el centro. Pronuncia el hechizo para abrir.
-Aperum –musité.
La pared pareció tambalearse y empezó a separarse en dos, dejando ver un oscuro túnel delante de nosotras.
-Vamos.
Entramos, y una vez me giré pronuncié el hechizo para que se cerrara.
-Claudum.
Esta se cerró de la misma forma, sin hacer ningún ruido. Me giré y miré hacia delante, en plena oscuridad.
-¿Te sabes el hechizo de la luz o caminaremos a oscuras? –inquirió.
No sabía cuál era ese hechizo pero tenía mis trucos.
-Ignis –dije y en mi mano apareció una esfera de fuego que nos iluminaba el camino.
Minutos después salimos al oscuro bosque. Miré a mi alrededor, habíamos dejado la pequeña casa varios metros más allá.
-Desde aquí te podrás teletransportar –me indicó Aimara.
-Gracias. ¿Eres como un ángel de la guarda o algo así?
Se le dibujó una sonrisa en el rostro, algo que no había visto hasta entonces.
-Simplemente me siento muy vinculada a ti porque tienes mi poder, eso es todo.
-Gracias otra vez.
Ella desapareció y yo me teletransporté. Aparecí en el jardín trasero de la casa de Neliel. Levanté la cabeza para mirar por la ventana que tenía más cerca y me quedé de piedra al ver a Eric allí.

lunes, 23 de julio de 2012

CAPÍTULO 37


CAPÍTULO 37: Traicionada
Noté como me balanceaba ligeramente al ritmo de los pasos de la persona que me llevaba en brazos. Intenté abrir los ojos, pero los parpados me caían pesadamente contra los ojos. Empecé a recordar lo que había pasado antes de que me desmayara: estaba en casa de Amber, contándole lo que había descubierto de Eric. Pero entonces ella se había levantado del sofá y… ¿me había lanzado un hechizo? No, no podía ser. ¿Amber también era una de ellos, de la Inquisición? Podría haberme atacado al darse cuenta de que lo había descubierto.
Después de unos minutos conseguí abrir los ojos.
-Vaya, parece que la Bella Durmiente ha despertado –habló el chico que me estaba llevando. Al reconocer su voz pataleé bruscamente para que me soltara-. Tranquilízate –me ordenó.
Continué pataleando hasta conseguir soltarme de él, y caí al suelo torpemente. Me llevó unos segundos levantarme. Noté una mano sobre mi hombro.
-¡No me toques, Cameron!
Me ignoró y me agarró con fuerza del brazo para arrastrarme hacia una vieja casa que teníamos delante. Mientras caminaba, casi a trompicones, observé el bosque en el que nos encontrábamos, y lo reconocí en seguida. Estábamos en Salem. Miré al grupo de gente que había detrás de nosotros y pude distinguir la silueta de Amber entre todos aquellos chicos.
-Entra –me mandó Cameron.
Me empujó al interior de la casa. Me quedé parada, con los ojos como platos al ver la estancia en la que nos encontrábamos, descomunalmente grande como para caber en aquella casita. La sala era de techos altos, y todo ella de piedra, tenía un cierto aire a Itziar. Me tiró hacia un lado para que me sentara junto a la pared mientras el resto se perdía por la enorme puerta que había al fondo; todos menos Amber.
-¿Tú también, Amber? –dije sin poder creerlo.
-¿Yo también? –bufó-. No, solo yo. La verdad es que fue fácil hacerte creer que era Eric el culpable de todo esto. ¿No confiabas tanto en él?
-Pero, vi el libro en su escritorio…
Se rió.
-Fue un simple conjuro de apariencia, no era más que un libro normal que Eric tenía por su habitación.
La observé fijamente, notando las lágrimas en mis ojos, pero no pensaba derramar ni una. No por ella.
-¿Cómo has podido hacerme esto, Amber? –pregunté con rabia.
Se encogió de hombros.
-Fue lo que me pidieron que hiciera. Mi familia necesita tu poder para conseguir seguir con vida. Eras tú o ellos, ¿a quién pensabas que elegiría?
-Está claro que no te importo.
-No tanto como aparentaba, no –por un segundo noté una chispa en sus ojos, pensando que metía al decir aquello. Pero estaba claro que me equivocaba.
-Y Eric tampoco. ¿Por qué me hiciste pensar que era él?
-Simplemente para que fuera más fácil atacarte. Pero te equivocas, Eric sí que me importa. Todo ha salido según lo planeado, él no ha sufrido ningún daño.
Eché la cabeza hacia atrás, apoyándola contra la pared.
-¿Cuánto de todo lo que has hecho o dicho era verdad?
Me vino a la cabeza todos los momentos que había pasado con ella, riéndonos a carcajadas, pensando que era mi mejor amiga. Clavé mis ojos, llenos de odio hacia ella, en los suyos.
-Soy buena, ¿verdad? En ningún momento sospechaste de mí. Tal vez me meta en alguna escuela de teatro, ¿no crees?
-Eres asquerosa –le espeté furiosa.
-¿Me lo tomo como un cumplido?
-Amber –oí una voz entrar en ese momento por la puerta. Me giré para ver a un hombre alto y corpulento. Tenía el pelo negro, al igual que los ojos, y llevaba una barba de un par de días. Lo reconocí, era su padre.
-¿Sí? –dijo volviéndose hacia él.
-Puedes irte, nosotros nos encargaremos de ella.
-De acuerdo –se giró hacia mí antes de irse-. Ha sido un placer ser tu amiga durante estos meses –dijo con tono irónico.
En el momento que se alejó noté caer una lágrima por mi mejilla. Cameron se acercó a mí y estiró de mi brazo para que me levantara. Me puso frente al padre de Amber, Ryan.
-Bueno, Samira, supongo que te imaginas por qué estamos aquí, ¿no?
-Alguna idea tengo –dije con cara de pocos amigos.
-Bien, pues tu ejecución tendrá lugar mañana por la noche, en luna nueva.
-¿Queréis mi poder porque os estáis debilitando?
-Así es, el problema viene de que llevamos años aumentando nuestra fuerza con el sacrificio de otras brujas, sin embargo, todo ello nos está jugando una mala pasada, hemos empezado a ser dependientes de dicho poder. Pero todo acabará cuando mueras y consigamos absorber tu poder. Este nos hará poderosos para siempre. Sabes lo que dicen de la última de las Cinco Brujas, supongo.
Asentí.
-¿Y sabes cómo morirá el resto de los brujos y brujas?
Negué con la cabeza.
-Tú te sobrecargarás de poder, de todo el poder de los brujos que viven. Luego nosotros lo absorberemos, ya que al ser Magia Negra no nos afecta el ritual.
Cerré los ojos un momento, sabía cómo era que te quitaran los poderes, lo había sentido antes, era como si desgarraran una parte de ti. Y yo lo iba a sentir todo.
-Lleváosla –ordenó.
Cameron me volvió a coger bruscamente y me arrastró por varios pasillos.
-Ignis –musité. Sentí una oleada de calor, sabiendo que mi cuerpo lo absorbería y noté como Cameron apartaba las manos rápidamente de mi piel.
En ese momento salí corriendo por el pasillo sin saber por dónde salir, y oí los pasos de Cameron cerca de mí. Abrí la puerta que cortaba mi camino y entré en otro largo pasillo. Corrí todo lo que pude, pero Cameron consiguió pararme abalanzándose sobre mí y caí de bruces contra el suelo. Intenté deshacerme de su enorme cuerpo, pero pesaba demasiado. Musitó algo que no pude comprender y me di cuenta de que no podía utilizar mis poderes. Sin embargo conseguí liberarme de sus manos, pero cuando traté de atacarle me golpeó con el puño en el rostro, y noté que me ardía el pómulo derecho. Finalmente se levantó de encima, al ver que no ponía ninguna resistencia. Me levantó violentamente y me guió de vuelta. Bajamos unas escaleras de piedra hasta llegar a un piso subterráneo.
-¿Esto qué son mazmorras o algo así?
-Algo así –dijo al tiempo que abría la verja de una de las estancias y me lanzaba dentro.
Caí al suelo con brusquedad, golpeándome el rostro contra el muro. Noté que la sangre bajaba por mi pómulo, donde sentía un fuerte dolor. Apoyé la cabeza, que me dolía ligeramente.